Pundaquit – Parte I

Pundaquit – Parte I
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Bueno, bueno, bueno…Llevábamos una semana exacta en esta vorágine de ciudad llamada Manila y ¡se nos venía el Papa! Los filipinos con los que hablábamos nos decían que se esperaba eventos de más de diez millones de personas y la ciudad (aún más) colapsada, carreteras cerradas, etc. Ante este panorama decidimos, un día antes, salir y disfrutar de dos días de tranquilidad fuera de la ciudad. Nuestro destino final: Pundaquit, situado en la región de Zambale, en el norte de la isla de Luzón, la principal de Filipinas.

Para llegar nos levantamos a las siete de la mañana para dirigirnos, con tranquilidad, a la estación de la línea de autbús Victory Liner en EDSA, Quezón City. La chica de la taquilla se moría de vergüenza al hablar con nosotros, sacaba la típica sonrisa asiática, un claro ejemplo de la Hiya filipina y, como pudo nos dijo que salíamos a las 9:30 y el número de plataforma (escrito en un papel, para no hablar más). Esperamos mientras desayunábamos un bollicao local y dos cafés. Al tomar nuestros asientos nos sorprendió gratamente que hubiese Wifi, aunque nuestro gozo en un poco, al probarlo no funcionaba.

En nuestro trayecto pasamos por, entre otros, Ángeles City y Subic Bay, ciudades conocidas porque no hay impuestos y por sus numerosos prostíbulos. Hasta nuestro destino, El pueblo de San Antonio, tardamos unas cuatro horas y media. Al bajar, acordamos con un conductor que nos llevara por 60 pesos (pincha para conversión en euros), en su triciclo, un trayecto de unos veinte veinte minutos hasta Pundaquit, donde se encontraba nuestro hotel.

Cubao estación de autobuses

 

Llegamos y nos recibieron unos niños la mar de amables. El hotel, Megan’s Resort Paradisio, estaba en primera línea de playa o más bien, metido en la misma arena. La habitación, muy básica y humilde, como todo el pueblo. Una vez con nuestros bañadores, nos fuimos a comer a otro Resort de al lado donde por menos de cinco euros entre los dos comimos dos fantásticos platos de pescado (bangus y tilapia) y arroz y sendos refrescos. Nos supo a gloria, con la parrillada y mirando al mar, no podía ser de otra manera.

Bangus Pundaquit

Y por fin, nos metimos de lleno en la playa. Arena blanca, agua templada, barcas de colores, montes verdes rodeándonos, y tres maravillosas islas a un par de kilómetros nos hizo sentir estar en otro mundo. Nos bañábamos rodeados de lugareños mirándonos ya que, sorpresivamente, muchos no saben nadar. Niños jugando, alguna familia de turismo (mayormente asiáticas) pasando el fin de semana, otros lugareños con sus cervecitas y Bob Marley de fondo pero, sobre todo, la playa prácticamente vacía, para nosotros.

Después de un baño reparador nos sentamos en la arena a admirar el anochecer. Al estar al oeste de la isla de Luzón pudimos contemplar unas vistas espectaculares. El color rojo intenso del sol, mezclado con las nubes y las sombras de las islas de enfrente que se reflejaban en el mar nos confirmaba que estábamos ante la puesta de sol más bonita que hemos visto en toda nuestra vida.

Pundaquit Atardecer

Lástima que no sepamos mucho de fotografía para sacar fotos mejores, pero lo apuntamos para mejorar ;). Y con ésto os dejamos hasta dentro de unos días, donde contaremos la parte final de nuestra escapada por Luzón.

It’s more fun in the Philippines!

 

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