Palawan – La isla más bonita del mundo

Palawan – La isla más bonita del mundo
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[vc_row][vc_column width=”1/1″][vc_column_text]Nuestra primera visita a la isla de Palawan fue corta, muy corta. Un fin de semana que nos ha sabido a muy poquito en la considerada isla más bonita del mundo el pasado mes de julio. Poco estuvimos pero mucho hicimos, como siempre aprovechamos el tiempo al máximo; jornadas de casi treinta horas sin dormir y recorriendo lugares fascinantes de la “última frontera de Filipinas”.

Llegamos sobre las doce del mediodía al aeropuerto y nos fuimos directamente a las afueras de Puerto Princesa, la ciudad principal de la isla. En triciclo nos dirigimos al embarcadero para coger la bangka con la que estaríamos todo el día haciendo island hoping por Honda Bay.

Hacia Honda Bay[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/1″][vc_column_text]Honda Bay debe su nombre a la profundidad de sus aguas, según nos comentaron, los primeros españoles que llegaron allí quedaron impresionados por este hecho y les dieron por llamar a la bahía así, tremendamente original. Al haber llegado un poco tarde decidimos recorrernos tres de las multitudes islas de la zona. Las paradas serian Cowrie, Luli y Starfish Island, por ese mismo orden.

Desde el mar Cowrie Island se veía preciosa. Una isla diminuta, bañada en una arena entre blanca y amarilla, con unas cuantas palmeras aquí y allá. Al desembarcar nos dio la bienvenida un enorme letrero con el nombre de la isla, todo muy hawaiano turístico donde la foto es de obligado cumplimiento. En la isla había diferentes cabañas con familias filipinas pasando un día de playa con su comida, bebida y muchos niños jugando en los alrededores.

Cowrie island[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/1″][vc_column_text]Cabe decir que, aun siendo turístico, no existe un turismo de masas todavía, donde tienes que luchar por conseguir un espacio en la playa y el agua. Había gente, pero la suficiente para no sentirte agobiado. Después de una noche de trabajo y un vuelo nos tumbamos en la arena a descansar, admirar las decenas de islas alrededor y a hacer algo de snorkel. Después de un par de horas o así, levantamos el chiringuito y le dijimos al Kuya que nos llevaba que nos llevara a nuestro próximo destino.

Al llegar a Luli sentimos el silencio. Éramos los únicos habitantes de la isla, una gran llanura de arena y charcos, unos pocos árboles y arbustos y crustáceos eran nuestros únicos acompañantes. Ni cortos ni perezosos nos pusimos a andar para llegar a la otra punta de la isla que, con los charcos y piedras, a veces se hacía difícil la tarea.

Luli island - Honday Bay[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/1″][vc_column_text]Al llegar, nos dimos cuenta que bien valía la caminata, lenguas de arena entre las islas haciendo de pasillo en medio del mar, al fondo las montañas de Palawan y detrás unas imponentes nubes que hacían presagiar una tormenta nos dejó con la boca abierta. Naturaleza en estado puro, belleza en su máxima expresión.

Una vez embarcados de nuevo nos dirigimos a Starfish Island. Por su nombre sabíamos lo que nos íbamos a encontrar pero no se nos pasó por la cabeza la cantidad ingente de estrellas de mar que habría. En una zona de la orilla fue prácticamente imposible caminar sin pisar o rozar alguna. Además, los erizos dificultaban más la tarea. Como niños, nunca habíamos visto unas estrellas de mar así, nunca habíamos visto tantas juntas.

Estrellas de mar en Honda Bay[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/1″][vc_column_text]Despues de haber recogido toda la baba que habíamos echado por lo que acabábamos de ver nos fuimos ya a Palawan. Cogimos un triciclo de vuelta hacia Puerto Princesa donde nos esperaba una

buena habitación de hotel.

El Orange Mangrove es un hotelito fantástico, barato y con una decoración muy bonita que, aun estando en el centro de la misma ciudad, te adentra un poco en la selva. Desayuno incluido.

Llegamos y nos fuimos a dar una vuelta. Cenamos en un sitio muy cuco, lleno de pasteles y decorado como una casa de muñecas, nos tomamos un zumo de los buenos (madre mía como saben en Filipinas estas cosas) y de vuelta. Estábamos auténticamente derrotados.

Por cierto que, mientras estábamos en el triciclo de vuelta se fue la luz a casi toda la ciudad, nos perdimos y fue un poco odisea, dando vueltas. Nada que unas risas con los locales no pueda solucionar.

Y ese fue nuestro primer día en Palawan, al día siguiente nos esperaba el Underground River, el río subterráneo más grande del mundo y una de sus 7 maravillas. Pero eso ya se lo contamos en otro momento.

Salamat![/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

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