Boracay

Boracay
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[vc_row][vc_column width=”1/1″][vc_column_text]El paraíso para todos los públicos esta aquí en Filipinas y se llama Boracay. Nos fuimos a celebrar nuestro primer aniversario viviendo en Manila a esta celebérrima isla. Todo el mundo habla de ella, sus fotos están en todas las postales y le llaman la Ibiza de Asia, ¿cómo habíamos dejado pasarlo?

La principal playa de la isla, White Beach, se divide en tres estaciones. La zona uno cuenta con la arena más blanca (además de que al tacto parece harina) y cuenta con los hoteles más caros y lujosos. Así hasta llegar a la zona 3 donde la playa sigue siendo blanca pero no tan suave al tacto y con los hoteles más económicos.

Nosotros nos quedamos en el Dave’s Straw Hat Inn, entre la zona 2 y 3. Cabe decir que, después de nuestra experiencia, recomendamos encarecidamente la zona 3. La zona 1 es prohibitiva y la zona 2 es donde se acumula tal cantidad de gente que parece Benidorm un 15 de agosto. Por eso la zona 3, estando a minutos andando de la 2 (y sus comercios, bares y discotecas) disfrutaras de un ambiente relajado, la playa prácticamente para ti solo (y por mucho que diga la gente, playa increíble) y garitos de reggae y familiares donde podrás contemplar la puesta de sol en la misma arena con un coctel en la mano.

Boracay[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/1″][vc_column_text]Nuestro objetivo en Boracay fue como cuando fuimos a Puerto Galera, descansar, descansar y descansar, nada de cámaras, casi sin móviles. Después de tanto ajetreo navideño y lo que nos esperaba por delante (Seúl y recorrernos Myanmar) necesitábamos recargar pilas.

Por ello el primer día nos dedicamos a disfrutar del sol, las palmeras y las cervecitas cerca de nuestro hotel. No había prácticamente nadie. Era un paisaje bastante bonito; palmeras, arena blanca, aguas turquesas y algunas bangkas que, solamente de verlo, nos relajaba. A la tarde, justo antes de la puesta de sol, cogimos sitio en un chiringuito en la misma playa y nos dedicamos a contemplar como el sol moría lentamente. La postal era preciosa, los colores naranjas eran muy fuertes y se reflejaban en el mar; paraíso total. Un diez para la puesta de sol de Boracay.

Al día siguiente, amanecio nublado y fuimos a visitar las otras dos estaciones. Lo que dijimos antes, la arena y el agua cristalina en la estación 1 es espectacular, lo malo; hoteles prohibitivos. Al pasar a la zona 2 no sabíamos que hacer; salir corriendo o gritar. Gente y gente y más gente. Es donde se localiza prácticamente todo el comercio, restaurantes y hoteles, además, al menos cuando fuimos, era la peor zona, mucha alga que se te hacía desagradable bañarte.

Boracay - Zona 1[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/1″][vc_column_text]Estuvimos un rato en la zona 1, comimos en la 2 y directamente a nuestro rinconcito. El tercer y ultimo día, nos lo pasamos sin movernos, disfrutando de la playa en el pedacito de paraíso que habíamos encontrado. Al día siguiente nos esperaba un trayecto en barca que nos llevaría de la isla de Boracay al aeropuerto más cercano y de allí, los ‘malditos’ de la aerolínea Cebu Pacific, nos devolverían de nuevo a la realidad; Manila.

Sabemos que Boracay no solamente tiene White Beach, nos recomendaron encarecidamente Pukka Beach entre otras, pero lo dejamos para la próxima ya que es perfecta para llevar a la gente que nos visite (¿Quién se anima?).

 

Ingat!![/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

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